Celtíberos
Con el término Celtíberos suele hacerse referencia a las tribus celtas
o celtizadas de la Península Ibérica , así como a los idiomas que estos
grupos hablaban, aunque, realmente, el término celtíbero se refiere
únicamente a uno de los pueblos célticos de la Península Ibérica , existiendo
otros con otros nombres (vettones, vacceos, lusitanos, carpetanos, etc.).
Este pueblo celtíbero, que habitaba, al oeste de la Cordillera Ibérica
, que los romanos consideraban mezcla de celtas e íberos[2], diferenciándose
así de sus vecinos, tanto de los celtas de la meseta como de los íberos
de la costa. Pero esta idea de que los celtíberos son el resultado de
la unión de los celtas y los íberos es un error que ya se dio en época
romana. Hoy sabemos que los celtíberos son un pueblo de cultura celta,
que recibe influencias de los íberos por su proximidad, pero en ningún
caso son el resultado de un mestizaje entre ambas etnias.
Datos arqueológicos
A juzgar por el registro arqueológico, los celtas llegaron a la Península
Ibérica en el siglo XIII adC con la gran expansión de los pueblos de
la Cultura de los Campos de Urnas, ocupando entonces la región noreste.
En el siglo VII adC, durante la Cultura de Hallstatt se expanden por
amplias zonas de la meseta y Portugal, llegando algunos grupos a Galicia.
Sin embargo, tras la fundación griega de Massallia (actual Marsella),
los íberos vuelven a ocupar, el valle medio del Ebro y el noreste peninsular
a los celtas, dando pie a nuevos establecimientos griegos (Ampurias).
Los celtas de la Península quedaron así desconectados de sus parientes
continentales, de manera que ni la cultura celta de La Tène ni el fenómeno
religioso del druidismo les llegarían nunca. La cultura celta en la Península
Ibérica llegará a su final con la conquista romana, a la que muchas tribus
célticas se opusieron.
Gestación de la sociedad celtibérica
Casa celtíbera NumanciaDurante los siglos VII-VI adC, se manifiestan
en el área nuclear, alto Tajuña y alto Henares, de la Celtiberia , una
serie de novedades en el patrón de asentamiento, en él ritual funerario
y en la tecnología, que indican la evolución hacia una sociedad de fuerte
componente guerrero; En los cementerios, ya desde sus inicios, se demuestra
una fuerte jerarquización social, donde la panoplia de armamento aparece
como un signo de prestigio. La documentación, sobre los túmulos o alineamientos
de tumbas, que se generalizaran en los siglos siguientes, son abundantes;
Estas élites, se constatan por la panoplia de los enterramientos, pudiendo
ser consecuencia de la propia evolución in situ de la cultura de las
Cogotas, pero con importantes aportes culturales de la cultura de los
Campos de Urnas, que "celtizaron" la cultura de las Cogotas.
De otro modo, no se explicaría que estos pueblos hablasen un idioma de
raíz celta. También tuvo una gran importancia, por su proximidad, la
influencia mediterránea que, de mano de los íberos, le trasmitió adelantos
tan significativos como la moneda o la escritura.
Esta nueva organización, impulsó el crecimiento demográfico y llevo a
una creciente concentración de riqueza y poder a través del control de
los recursos naturales (pastos, salinas, etc) y la producción de hierro,
en los afloramientos del Sistema Ibérico, que permitió la rápida aparición
de una sociedad jerarquizada de tipo guerrero, aprovechando la situación
privilegiada, de paso natural entre el Valle del Ebro y la Meseta.
Los aristócratas guerreros
Desde finales del siglo VI adC o inicios del V, los cementerios de la
meseta oriental, presentan ricos ajuares militares, con presencia de
espadas, y gran acumulación de objetos suntuarios de bronce, cascos,
discos-coraza, umbos, a veces repujados. Las necrópolis, con la ordenación
característica en calles paralelas, con ajuares que manifiestan una sociedad
altamente jerarquizada y que se vincularía con grupos aristocráticos.
La meseta oriental, se revela en esta fase en un importante foco de desarrollo,
en los ajuares funerarios, incorporando en su órbita de influencia a
zonas del sur de la provincia de Soria, encontrándose fíbulas, broches,
pectorales, armas y arreos de caballo, lo que nos demuestra que un reducido
número de personas, poseían caballos, que debieron ser utilizados en
pequeñas razzias, contra los pueblos vecinos, aunque debió primar en
las armas su valor simbólico como objetos de prestigio.
La sociedad guerrera
Desde finales del siglo V ad C y durante los dos siglos siguientes, el
foco de desarrollo localizado en las cuencas altas del Tajuña, del Henares
y Jalón se va desplazando hacia el Alto Duero, con el aumento de la preponderancia
que va jugar, desde este momento, uno de los populi celtibéricos, con
más vigor en el periodo de las luchas contra Roma, los Arévacos, cuyo
predominio se situaría en esta fase. A esta etnia, según Alberto J. Lorrio,
se vinculan los enterramientos de la margen derecha del alto Duero, donde
las tumbas con panoplia militar, se multiplican y que permiten atestiguar
una sociedad, con una clase militar mayoritaria.
Mientras en la zona nuclear de la Celtiberia , las tumbas con panoplia
militar disminuyen hasta casi desaparecer, lo que no indica una desaparición
de la sociedad guerrera, cuando se estaba desarrollando las Guerras celtíbericas,
sino una evolución hacia una organización social urbana, con una disolución
de los vínculos sociales, basados en el parentesco.
A partir de los siglos II-I adC, el criterio político y jurídico superior
de los Celtíberos, era la ciudad de procedencia, entendida como centro
de un espacio o territorio, con población rural, articulada alrededor
de esta. Esta sociedad evolucionada se encontraron los romanos al inicio
de la conquista del interior de Hispania.
Organización sociopolítica [editar]Las organizaciones sociales básicas,
que sobrevivieron hasta la época imperial, fueron las gens o gentes y
gentilates, las relaciones se basaban en el parentesco; estos constituían
grupos de consanguíneos descendientes de un antepasado común, que recibían
el nombre de gens (gentes, familia) el grupo más amplio y getilates la
divisiones menores de la gens.
La vida gentilicia se manifestaba en las comidas en común y por el hecho
de que todos los parientes dormían juntos, como arqueológicamente lo
atestigua las casas de Numancia y Tiermes, donde se comía en comunidad,
sentados en bancos corridos, adosados a las paredes, en torno a un hogar
central, donde también dormía el grupo. De los estudios epigráficos sobre
los celtíberos, además de otros pueblos de la Meseta y del norte de la
Península Ibérica , se deduce que la pertenencia de los individuos a
la gens o gentilates, eran más fuertes que a la familia restringida;
Es decir, que a la hora de expresar su nombre era más importante pertenecer
a un grupo amplio de parentesco, que comprendería otros subgrupos, dentro
de los cuales la familia sería el menor. A mediados del siglo I adC,
otros factores empiezan a tener importancia, se hallan menciones a la
ciudad, a la que pertenece el individuo, y aparece la filiación paterna
por la influencia romana.
Noreste de Iberia
Vida urbana
Los Celtíberos vivían en distintos tipos de asentamientos, que las fuentes
antiguas denominan poleis o urbes, civitates, vici y castella.
Las poleis o urbes, eran del tipo de la ciudad-estado antigua; con un
núcleo urbano más o menos desarrollado y un entorno agrario dependiente
de él.
Las civitates, eran organizaciones políticas indígenas autónomas que
podían tener o no una configuración urbana.
Los vici y castella, eran los asentamientos menores y corresponden a
los poblados y castros característicos de estos pueblos que documenta
la arqueología.
Los hallazgos arqueológicos confirman que los asentamientos de carácter
urbano se ubicaban preferentemente en Carpetania, los valles del Jalón
y del Ebro, es decir en las comarcas más ricas, más civilizadas y donde
posteriormente la vida urbana de tipo romano tuvo mayor difusión. Aunque
la mayoría de la población vivía fundamentalmente dispersa, en aldeas
o poblados o en torno a torres de defensa, que son mencionadas como vici
o castella. El proceso de construcción de ciudades había comenzado ya,
alrededor del siglo IV adC; cuando llegaron los romanos, en la primera
mitad del siglo II adC. Estas ciudades se formaban por la suma de distintas
comunidades tribales en torno a un mismo centro urbano.
La organización política de estas urbes, contaba con una asamblea popular,
un consejo de ancianos o senado aristocrático y unos magistrados, presumiblemente
electivos. Esta organización de las "ciudades" celtiberas se
basaba directamente en su organización social, en la que la aristocracia
gentilicia y militar constituía el grupo dominante, esta aristocracia
estaba formada por los propietarios de grandes rebaños de ganado e importantes
clientelas que constituían la base de su prestigio social. Él órgano
político de esta clase era el consejo de ancianos, que en esta época
ya no correspondía a un organismo de edad, este consejo tenía el principal
papel político de la ciudad y presentaba propuestas que aprobaba la Asamblea.
Aunque la Asamblea era la que elegía al jefe militar, cuya duración de
mandato era limitada, entre los arévacos, a un año.
También se elegían otras magistraturas de carácter civil que reciben
en latín el nombre de magistratus, praetor y en lengua indígena viros
o veramos, estos magistrados ejercían la administración de las ciudades
o actuaban como representantes de las mismas.
La liga tribal
A comienzos del siglo II adC, las distintas tribus constituían una liga
o confederación militar, cuya finalidad era la defensa de las ciudades
acogidas a la misma. Esta confederación o liga la componían los arévacos,
bellos, tittos, lusones y probablemente los pelendones.
La estructura de esta liga, a principios del siglo II, no era estable
sino que funcionaba según las circunstancias, como eran los ataques de
los romanos. Parece ser que la liga no tenía, ningún poder coactivo sobre
las tribus o ciudades que la componían, pues podían adoptar distintas
actitudes en la lucha, contra los romanos, según las circunstancias.
Se sabe que los numantinos tenían guarniciones propias en Malia y Lagni,
para reforzar la defensa de la ciudad y preservar la fidelidad de las
mismas a los arévacos.
Seguramente la iniciativa de la formación de la liga partiría de los
arévacos, en todo momento es la tribu dominante por su superioridad militar,
es evidente que dentro de la liga había desigualdades, que fueron explotadas
por los romanos para conseguir el triunfo en las guerras.
Hospitium, clientela y devotio
Reproducción de tésera celtibérica de origen desconocidoEntre las tribus
y ciudades celtiberas, existieron según los autores antiguos, formas
especificas de relacionarse entre ellas que serían:
Hospitium
El hospitium (hospicio) o pacto de hospitalidad permitía adquirir los
derechos de un grupo gentilicio a otros grupos o a individuos. No se
trataba de un acto de adopción; las partes actuantes contraían derechos
mutuos sin que la personalidad propia se perdiera. Los contrayentes del
hospidium se convertían en huéspedes (hospites) mutuos y el pacto de
hospitalidad se solía acordar en un documento denominado tésera de hospitalidad.
Estas téseras son láminas de metal recortado, en muchas de ellas figurando
dos manos entrelazadas o la silueta de animales, que quizá tenían un
significado religioso. Se supone que el hospitium, inicialmente, se acordaba
en plano de igualdad, pero al surgir diferencias económicas, se iría
pasando a un estado de dependencia. De entre los pactos de hospitalidad
descubiertos, el más famoso es el Bronce de Luzaga, que registra un hospitium
entre las ciudades de Arecoratas y Lutia, al que probablemente se sumaban
las gentilitates Belaiocum y Caricon.
Tesera de hospitium
Clientela Las clientelas consisten en comitivas constituidas en torno
a los individuos más importantes de una comunidad tribal. La relación
entre estos individuos, generalmente aristócratas y sus seguidores, era
una relación contractual basada en la desigualdad de riqueza y posición
social de ambas partes; el jefe normalmente debía alimentación y vestido
a sus seguidores, mientras que éstos le debían apoyo incondicional. Estas
clientelas frecuentemente tenían un carácter militar.
Devotio
La devotio, era una clase especial de clientela. Al elemento contractual
de la clientela se añadía un vínculo religioso, por el cual los clientes
de un jefe tenían obligación de seguirles a la batalla y de no sobrevivirle
en caso de que éste muriera en combate. Tales clientes recibían el nombre
de devotio y sus paralelos en la sociedad celta y germánica, soldurios
y comitatus.
Torque celtibero Con la clientela y la devotio, los lazos de consanguinidad
no juegan ya ningún papel. Las desigualdades sociales empujan a los individuos
más pobres a ponerse en la clientela de un aristócrata. Al ser más fuerte
el vínculo que le unía con el jefe, a veces mediante vínculos religiosos,
que el vínculo consanguíneo; estas instituciones contribuyeron a disgregar
los lazos de organización gentilicia tribal.
El mayor desarrollo de las clientelas militares en Celtiberia, parece
haberse dado durante el período de las guerras civiles de la República
tardía, cuando los distintos políticos implicados como Sertorio, Pompeyo,
Julio César, etc labraron importantes clientelas indígenas. La proliferación
de estas prácticas institucionales, junto al desarrollo de la clase aristocrática
y de las estructuras urbanas, fueron los elementos principales que contribuyeron
a la evolución del sistema gentilicio, a su transformación y ya bajo
el dominio romano, a su progresiva desaparición.
Organización etnopolítica
Uno de los aspectos más conflictivos, esencial para la delimitación de
la Celtiberia , es el de las etnias o populi, que según los autores clásicos
integrarían el colectivo celtibérico. Diversos son los pueblos mencionados.
Estrabón considera a Arévacos y Lusones como dos de los cuatro pueblos
de la Celtiberia , aunque no cita los otros dos, al menos por sus etnónimos,
que por las narraciones de las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, se sabe
que serían los Bellos y Tittos, que no vuelven a ser citados después
al 143 adC. Más difícil es llenar una quinta parte, a la que se refiere
Estrabón, sin ningún detalle. Plinio señala de forma clara a los Pelendones
como pueblo celtíbero, aunque también, siguiendo a Apiano, a los Vacceos,
los Berones o incluso los Celtíberos mencionados de forma independiente
de Arévacos y Pelendones por Ptolomeo.
Religión
Conocemos muy poco de la religión de estos pueblos. Podemos dividir el
panteón indígena en tres categorías de divinidades, las cuales no son
excluyentes:
Divinidades de carácter astral. Forman el sustrato de las religiones
indoeuropeas.
Grandes dioses celtas. Iguales que en otras zonas de la Península y fuera
de ella, como en la Galia y Britania.
Divinidades menores. Con un culto probablemente local, cuyo carácter
parece indicar un sustrato u origen de tipo animista o totémico y que
aparecen vinculadas, bien a accidentes naturales (montes, bosques, etc)
o de tipo territorial (castros, aldeas, ciudades, etc).
De entre los cultos astrales, los del Sol y la Luna debieron ser los
más importantes entre estos pueblos.
Entre los grandes dioses celtas, el más importante parece haber sido
Lug, que con la romanización fue asimilado a Mercurio. Otras divinidades
importantes eran las Matres, diosas de la fecundidad, la tierra nutricia
y las aguas, cuyo culto estaba extendido entre los celtas y germanos.
Los dioses con culto exclusivamente local fueron muy abundantes, todos
estos cultos locales que pudieron estar vinculados a una determinada
comunidad gentilicia o a una localidad, son los más abundantemente representados.
Se desconoce, actualmente, la existencia de templos dentro de las ciudades
o poblados indígenas. La norma general parece que los santuarios estuviesen
fuera de las poblaciones, como los recintos naturales con graderías excavadas
en la roca, localizados bajo la acrópolis de Tiermes, con un conjunto
de piedras de sacrificios con pocillos y canales.
Es posible que los caudillos militares, realizaran ceremonias religiosas
en presencia de su ejército y que los jefes o las cabezas de linaje realizaran,
en el ámbito de la ciudad o la familia, determinados cultos.
Lengua Los celtíberos, hablaban una lengua de raíz celta, que escribían
con alfabeto ibérico y después, siglo II adC, en latín.
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